Un paso hacia la igualdad

     Uno de los mayores logros que anhela la sociedad contemporánea es avanzar en el derecho fundamental a recibir y dar un trato idéntico a sus ciudadanos, independientemente de sus diferencias. Sin embargo, desde hace décadas la Administración de Justicia de España ha mostrado una resistencia numantina a tratar de igual forma a los ciudadanos en el ámbito del divorcio. Los progenitores no custodios con frecuencia han sido discriminados de forma directa (siendo tratados de manera menos favorable que otra en situación análoga o similar), indirecta (considerando la situación en la que una disposición legal o reglamentaria, una cláusula convencional o contractual, un pacto individual o una decisión unilateral, aparentemente neutros, ocasiona o puede ocasionar una desventaja particular a una persona respecto de otras), han sufrido acoso discriminatorio (entendida como cualquier conducta no deseada que tenga como objetivo o consecuencia atentar contra la dignidad de una persona y crear un entorno intimidatorio, humillante u ofensivo) y de orden (cualquier orden de discriminar dada a una persona por razón de una causa de discriminación. Sin embargo, en los dos últimos años estamos asistiendo al intento, a golpe de sentencia, de corregir esta situación por parte del Tribunal Supremo español.

     A las resoluciones del alto tribunal en 2013, en las que deja claro la igualdad de ambos padres a la hora de criar a sus hijos menores, calificándolo como algo que se ha de considerar lo común y ordinario, se suman ahora una reciente sentencia que establece el reparto equitativo entre los progenitores separados del gasto en los traslados para que éstos puedan estar con sus hijos en el tiempo que se haya establecido por resolución judicial, cuando residan en localidades distantes. El alto tribunal destaca con esta decisión nada menos que el derecho de los hijos (algo que en muchas ocasiones olvidamos o torpemente damos por sentado que todos entenderán) a relacionarse con ambos padres, elemento fundamental para su crianza y desarrollo, algo que todos los que abogamos por la defensa de los niños en los divorcios no puede sino alegrar.

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