Testimonio de un niño alienado

     En el año 2005 publiqué Con mamá y con papá, el primer libro que exponía de forma monográfica, desde un punto de vista profesional y con un lenguaje para el gran público, la investigación internacional que apoyaba la custodia compartida. Desde aquella época he recibido todo tipo de insultos, amenazas y acusaciones, en la misma línea de las que ya venía recibiendo desde un año antes por la publicación de Síndrome de Alienación Parental. Las más furibundas siempre han venido desde los grupos de ideología feminista radical, que han secuestrado el discurso del feminismo histórico y de los partidos de izquierdas, vacíos de contenido desde que la caída del muro de Berlín les desnudó ideológicamente, mientras que las más incomprensibles nacieron en la boca de mis propios compañeros de profesión, impermeables al conocimiento científico que desde multitud de rincones del planeta les ofrecía los datos de los que hablaba en mis libros y actos públicos.

     Esto, que nunca me ha importado gran cosa y me ha ofrecido momentos impagables de asombro y diversión ante los peregrinos argumentos elaborados por mis compañeros psicólogos o letrados para rechazar los datos que ofrecía la investigación técnica, ha cambiado en los dos últimos años, con la asunción del Tribunal Supremo de España de los principales argumentos que apoyan a la custodia compartida como sistema de custodia preferente en un divorcio, argumentos que, por otro lado, ya se podían leer en aquel libro ocho años atrás y en la investigación científica décadas antes. La consecuencia inmediata ha sido escuchar a los antiguos colegas que se oponían a la custodia compartida y que, salvo confusión u obligación imponderable, no habían propuesto ese régimen en su quehacer diario, hablar públicamente de las bondades de tal sistema tras el divorcio, defendiendo su militancia «de toda la vida» en dicha opinión. Esta actitud tiene el peligro de olvidar que los ciudadanos tiene memoria y que, si en una conferencia pública tú afirmas algo contrario a tu propia historia profesional, puedes encontrarte entre el público a gente que te recuerde que eso es mentira y que a ellos hace tiempo les negaste lo que ahora dices defender desde siempre. Esto ocurrió recientemente en una conferencia en donde estuve presente, lo que permitió comprobar una vez más la exquisita educación que gastan los usuarios padres y madres y la caradura a prueba de realidad de algunos chaquetas nuevas de la custodia compartida, antiguos líderes camisas viejas del régimen en vías de extinción.

La evolución del concepto de Síndrome de Alienación Parental.

      El caso de la manipulación de los niños en los procesos de divorcio, ese problema relacional que hemos dado en llamar Síndrome de Alienación Parental, va a tener semejante devenir. Y esto no será por el cada vez mayor apoyo que dan los frecuentes casos, de la realidad a la que nos enfrentamos todos los que trabajamos en este campo en nuestro quehacer diario, con ejemplos palmarios o, como dicen los propios afectados, “de libro”, sino por un hecho imponderable, ajeno y mucho más poderoso de lo que jamás una ideología y el sistema construido a su alrededor para su sostenimiento artificial alcanzará a ser: «el paso del tiempo». Si en el caso de la custodia compartida el paso del tiempo ha provocado que España fuera un anacronismo en el entorno social, cultural y jurídico europeo, en el caso de lo que nos ocupa el paso del tiempo implica que aquellos niños que fueron educados para odiar y rechazar sin justificación a su madre o su padre se conviertan en adultos. Y esos adultos, autónomos y con necesidad y deseo de conocer y sanar, acuden a tu consulta.

El testimonio de un niño alienado.

      Luis, como así llamaremos a este niño alienado, va camino de los veinte años. Sus padres se divorciaron cuando contaba ocho. Durante los primeros seis meses no pudo ver a su madre y, desde que se dictó sentencia por parte del juzgado, la estuvo viendo en un Punto de Encuentro Familiar (PEF), supervisado por profesionales. Esto duró unos años porque cuando llegó a la adolescencia declaró en una entrevista ante el Equipo Psicosocial del Juzgado que no quería volver a verla. Los miembros del equipo advirtieron en su informe la alienación (sic) que el niño estaba sufriendo, pero recomendaron una de las estrategias que hemos repetido que fracasan y ayudan a consolidar el mal que estamos intentando paliar: acudir a terapia. Como la literatura especializada nos adelanta la medida inevitablemente fracasó y el menor rompió su relación con su madre durante casi cuatro años. Ya en la Universidad, aquel «niño» inició tibios acercamientos hacia ella, a espaldas de su padre alienador. Fue entonces cuando la madre acudió a pedir ayuda a nuestra consulta, recibiendo indicaciones para gestionar esa relación. Tras un año de contactos fue el «niño», ya cercano a la veintena, el que pidió venir, cargado de preguntas.

La nube de confusión.

      “De todo tengo un recuerdo confuso. Lo que recordaba de mi madre se solapaba con lo que me decía mi padre. Recuerdo una nube de confusión”. La nube de confusión explica en estos niños la dificultad que tienen en la infancia de discriminar lo que ellos conocen, aquello de lo que tienen recuerdo, y lo que les dicen que ocurrió o cómo les aleccionan para que su recuerdo sea valorado de la forma que desea el alienador.

     Esta presión psicológica es tan poderosa que alcanza a la propia y directa experiencia del sujeto, obligándoles a ponerla en entredicho y alterándola. Con el paso del tiempo y las distintas acciones de manipulación los recuerdos, las experiencias y emociones que de ellos se derivan pierden los límites, fusionándose y provocando una sustitución como reacción: modifican sus recuerdos por las sensaciones y emociones que les provocaron. Independientemente de encontrarnos en un proceso de alienación parental, en términos generales nuestra memoria funciona de ese modo. Los detalles de lo que ocurrió se van perdiendo, pero la emoción que desprende la experiencia perdura, impregnando el recuerdo y siendo el principal material que rememoramos. En los niños alienados esa sustitución se produce eliminando la emoción legítima e imponiendo una acorde a los deseos del alienador.

Eliminación de la disonancia cognitiva.

      Un persona siente disonancia cognitiva cuando percibe a la vez dos pensamientos que entran en conflicto, al ser dos cogniciones incompatibles. Esto provoca malestar y motiva al individuo a generar ideas nuevas que permitan cohabitar a las ideas incompatibles, encajándolas de algún modo, con lo que logra reducir la tensión al conseguir cierta coherencia interna. Si hace notar a su amigo que fuma demasiado —al escucharlo jadear tras subir una escalera—, consciente de que es cierto lo que dice, la disonancia cognitiva le motivará para contestarle que está pensando en dejarlo muy pronto o que realmente él fuma muy poco, en comparación con otra gente que conoce.

      En los niños alienados no se produce disonancia y, de producirse, dura poco tiempo. “Los nuevos recuerdos prestados por mi padre tapaban los otros que yo tenía con mi madre”. De esta forma el malestar acaba pronto. Sin embargo, a poco que la presión disminuya la disonancia brotará de nuevo. El proceso de presión psicológica no borra, reprime. Así, cuando la represión baja su nivel la disonancia tiene la oportunidad de volver a presentarse y llevar a cabo su trabajo.

La amenaza como forma de control.

      “Lo peor que me enseñó mi padre es que nuestra relación se podía acabar en cualquier momento”. El control que el alienador practica con el niño no tiene por qué ser expreso, ni estar explícito en su discurso. Las estrategias de control más efectivas son aquellas que no están claramente expuestas. En una película, una sombra que cruza un umbral, tapando la luz por un instante, o el movimiento de una cortina en mitad de la noche nos puede general mucho más miedo que la visión del asesino con el puñal en la mano. De igual forma, la posibilidad implícita de que si eres «infiel a los deseos del alienador para que rechaces al otro progenitor vas a perderle» a él mismo es suficiente. El niño dependen en todo de su alienador. Es una amenaza a su propia supervivencia física lo que se está jugando, de ahí su potencia como estrategia de control. El mensaje es que el plato de comida, el vestido o el beso de buenas noches puede estar en peligro y, para un niño, eso es «todo» su mundo.

Las estrategias de supervivencia.

      “Me descubrí contándole a mi padre mentiras. No le decía que me lo pasaba bien con mi madre cuando la veía en el PEF. Al volver le contaba lo que quería oír para que me dejara tranquilo”. Desde muy pequeños los niños leen la tensión, son capaces de percibir el deseo que tiene el adulto que les interroga y lo satisfacen con tal de protegerse si perciben que no son libres de contar la realidad. Esto incluye mentir o, mejor dicho y considerando la situación en la que nos encontramos, relatar una versión acorde con lo que quiere oír el alienador. Por supuesto, todo episodio que vaya en contra de la realidad que «debe ser», según los criterios impuestos por el alienador, será convenientemente modificada por el niño, ajustándola a los deseos de aquel.

      Lo anterior tiene un severo riesgo en el futuro para el menor puesto que puede elegir establecer esta estrategia como manera de relacionarse con los demás. En el ejemplo que nos ocupa no ocurrió así, Luis no generalizó este comportamiento a las relaciones con sus amigos o sus parejas, pero otros «niños» sí lo hacen. Aprenden desde pequeñitos que las sentencias judiciales pueden incumplirse y que apenas ocurre nada, aprenden a manipular, torcer la realidad o directamente mentir y que esas conductas tienen una fuerte recompensa. La inmediata: la reducción de la ansiedad. A largo plazo: conseguir objetivos personales que a ellos les motiva, bien emocionales – sentirse querido o aceptado- o materiales – una viedoconsola.

      Llegados a la adolescencia y primera juventud puede elegir extender esta forma de relacionarse que ha venido dominando el área familiar a otras áreas: laboral, social, de pareja, etc. De esta suerte, una nueva generación de maltratadores se presenta al mundo, apoyados en su aprendizaje vital para establecer estrategias de control en sus relaciones con los demás.

Tengo miedo de su reacción.

      Luis tiene casi veinte años, pero no deja de ser un niño de ocho cuando hablamos de cómo comunicarle a su padre que quiere ver a su madre. “Temo su reacción. La que me va a montar. No sé si voy a ser capaz de aguantarlo”. El miedo no abandona al «niño», aún cuando hace muchos años que dejó esa etapa vital. Le acompaña en su juventud y perdura en la edad adulta. Da lo mismo que uno tenga independencia económica, formación y amplia experiencia vital. “Parece mentira que con la edad que tiene, el puesto de responsabilidad que ocupa, el dinero que gana y lo lista que todo el mundo dice que es sea incapaz de enfrentarse a su madre” me comentó un padre, hablando de su hija de casi cuarenta años, una directora de una multinacional que se echaba a temblar si tenía que decirle a su madre que iba a comer con su padre.

      Ese temor no acaba jamás, porque es parte de la estrategia del manipulador. Lo que le ocurra “será tu culpa”, “tú me dejas sola, mientras te vas por ahí con tu padre” o “si te vas con tu madre me estás clavando una puñal en el pecho”. Frases semejantes son las que utilizan los alienadores como chantaje emocional para hacer que sus hijos se sientan culpables. La intención, volver a convertirlos en los niños de ocho años que fueron.

Los niños han crecido.

      Como arranqué en este artículo, nunca me ha preocupado el rechazo empecinado de los profesionales de la psicología a los datos que la investigación nos ofrece, porque pronto comprendí que su incorporación era inevitable de manos de la realidad incontenible. El tiempo pone siempre a cada uno en su sitio, aunque bien es cierto que eso lo paga aquel que lo sufre y no es ayudado por los que tienen la obligación moral y laboral de hacerlo. Algunos niegan el problema directamente, otros de forma indirecta recomendando estrategias que la literatura hace años desaconsejó. Debemos asumir que una ciencia blanda como la psicología adquiere su estatus de falta de solidez gracias a los sujetos que la ejercen, tanto como gracias a aquellos que no se oponen a los primeros.

      Hace más de cuatro años que el primer «niño» alienado vino a verme y me contó lo que sentía y cómo fue su infancia. Algunos de ellos han decidido cursar estudios de Psicología o Derecho; uno me eligió como su profesor de prácticas en el Máster de Ciencias Forenses que cursó y hace varios años que ejerce como perito en su propio despacho. Son un nuevo grupo de pacientes, niños secuestrados emocionalmente que, como una ola incontenible, derribarán los diques que la ideología y el conformismo ha impuesto a la realidad porque de lo que hablamos es de sus vidas, y nadie puede decirles a ellos que no han vivido lo que relatan. Lo siento por aquellos que nos insultaban cuando defendíamos hace una década la custodia compartida o la protección de los hijos para que no fueran utilizados en la disputa marital, pero el futuro es lo que tiene, tarde o temprano llega.

  26 comments for “Testimonio de un niño alienado

  1. Rafa Aguado
    30 julio, 2015 at 2:24 pm

    Muy interesante, como siempre, tus escritos. Éste también.
    Sobre niños alienados ahora se abre un nuevo campo para obtener información de ellos, mientras pasan de niños a adolescentes y a adultos: las redes sociales. A veces se esconden en ‘avatares’, de igual modo que se esconden de su madre/padre alienador no diciéndole la verdad. Y en esos blogs, face-avatares, twits-avatares.. escriben lo que realmente piensan.
    Yo he leído, en la línea de lo que has apuntado, frases del tipo:
    “Mi madre me ha dicho que si no hago esto (o lo otro), que me mandará con mi padre. Qué mala madre, me quiere enviar al infierno”
    o
    “Revisando mi historia personal, aparte de mis problemas de relación, e otro gran problema es el de mi odio acérrimo a mi padre y a todos los recuerdos de aquella época”,
    o
    “Otros niños se refieren a su padre como ‘papá’, ‘padre’, .. yo no sé cómo referirme a él… ¿tal vez engendro humano?”..
    y lindeces por el estilo. Reitero, bien documentadas en las redes sociales, que son una nueva e interesantísima fuente de información.
    A menudo, muchos padres ‘alienados’ siguen, a gran distancia -desde la ventana que son las redes sociales-, sus/nuestros hijos, y somos capaces de detectar todo esto.
    ..
    Por último, me alegra constatar tu optimismo en relación a que ‘el tiempo’ mejora las situaciones. En este punto, no todos coincidimos.
    Gracias por tu trabajo. Saludos.

  2. Marga
    31 julio, 2015 at 2:41 pm

    Interesante.
    Creo que la alienación no es exclusiva de los niños de padres separados. Los chantajes emocionales los hemos padecido también hijos de matrimonios de hasta la muerte os separe. Y es que alguno, sobre todo alguna, se cree que los hijos tienen una obligación con ellos.
    Tengo amigas y amigos separados con niños y telita… A decir verdad a mi alrededor la mayoría de los padres se han desentendido de los hijos y renuncian a solicitar la compartida y pactan régimen de visita con las madres a cambio de dinero. Incluso más de uno después de acordar entre las partes la custodia compartida se han ido a juicio para reclamar un régimen de visita de esos de a fines de semanas alternos y no me jodas mucho con las vacaciones. Estos amigos varones no son malos tipos pero no quieren bregar con niños y ex, y son tios formados y que tienen buenos empleos.
    mis amigas mamás , ya sea por responsabilidad o por precariedad económica, no han renunciado ninguna de ellas a su tutela y ha regañadientes aceptan la compartida. Ellas te dicen en confianza que les vendría mejor que el padre compartiera toda la responsabilidad de la crianza pero algunas no tienen recursos suficientes y las que tienen buenos trabajos te dicen que dudan mucho de la atención de su hija/o con su padre que ha pasado de los niños cuando eran pareja, o que mete una novia detrás de otra en la vida de los niños, de que los fines de semana se dejan los niños con los abuelos casi sin verlos, o que deja al chiquillo todo el finde encerrado en el piso y no lo saca para darle una vueltecita, o que les cambia los días que tiene que recogerlos, o no se presentan al cole para llevárselos…
    Y sé que es verdad porque tengo conocidos que actúan de esa manera, que lo cuentan ellos no sus ex.
    Pero también es verdad que conozco mamás que hacen las mismas cosas con sus hijos de las que se quejan que hacen o dejan de hacer los papás y que incluso se podrían tachar de peseteras porque se dedican todo el rato a hacer cuentas de a ver que euros le puedo sacar al padre. Y si, se ponen en el fondo contentas cuando sus niños le dicen que no quieren con papá que quieren quedarse con mamá y ahí podemos decir que hay alienación pero también que es verdad que mamá me lleva a la piscina o a la playa y juega conmigo y papá me deja todo el verano en el piso y juego solito.

    • Miguel
      5 agosto, 2015 at 10:13 am

      Marga, la sociedad tiene de una vez por todas que dejar de encasillar las actitudes en función del género. En mi caso, mi (todavía) mujer no me permite ver a mis cuatro hijos, ni siquiera hablar con ellos por teléfono, y está causando en ellos alienación parental (no lo llamemos “síndrome” y así nos evitamos controversias científico-linguísticas). Desde semana santa no han estado conmigo, y si los he visto ha sido por que he ido al casal de verano donde los ha apuntado su madre, y donde la madre me gritó en público y delante de mis hijos que yo era “una mierda de la naturaleza”, y que “ojalá no hubieras nacido”. La madre deja a los niños con su abuela o la chica de servicio, para poder ir a jugar al pádel con su pareja y amigos. No los lleva a hacer nada, y están, como dices, “todo el verano en el piso” y juegan solitos. El verano pasado, los llevé 15 días a la playa, yo solito con los cuatro, y otra semana a la montaña, a hacer excursiones y acampar. Este verano, no puedo ni verlos cinco minutos, ni siquiera hablar por teléfono con ellos. En los pocos momentos en que los he visto, me han dicho que quieren venir conmigo pero que tienen miedo a su madre y que se enfadará mucho si lo hacen.

      Hasta noviembre en que será la vista de medidas previas, hay derecho a todo esto? Ocho meses sin ningún contacto con mis hijos es normal? Lo que es necesario es legislar sobre este tema, y acabar con las desigualdades en que por defecto el padre siempre es culpable por mera sospecha, y la madre la “buena” que no hace nada mal. Hay malos padres y malas madres, y la ley debe ponerlos a TODOS en su sitio.

  3. Ester
    4 agosto, 2015 at 9:59 pm

    Buenas noches. A mi me gustaría saber si hay alguna forma de evitar el sap antes de ser efectivo… cuando está comenzando y si hay algún protocolo de actuación para ayudar a un niño al que sabes que están alienando.

    • JM Aguilar
      6 agosto, 2015 at 7:24 pm

      La forma más efectiva es mantener el contacto con los hijos. Si es breve que al menos sea frecuente. Si usted pierde la posibilidad de desmontar las mentiras que inculcan en su cabeza irán poco a poco ocupando todo el espacio.

      • marga
        12 agosto, 2015 at 1:37 pm

        Buenas. En mi caso me aconsejaron nunca hablar al niño del conflicto… como podemos hacer para que el niño se de cuenta de que le mienten, si nos aconsejan no hablarle del conflicto entre los padres¿

        • JM Aguilar
          13 agosto, 2015 at 6:09 pm

          Es una pregunta que me han planteado repetidamente. Dedicaré un artículo a la situación que me plantea.

        • Adriana
          28 marzo, 2016 at 4:01 pm

          Hola Marga
          Aprovecho para agradecer a Jose Manuel Aguilar la información que ofrece en este blog, confio en que su experiencia y conocimientos van a ayudar a mi hijo.
          Veo que pusiste el mensaje hace meses y no sé si leerás esto pero tengo la misma duda que tú. Desde que mi hijo era pequeño, siempre he ido a consultas de psicólogos para que me ayudaran a ayudarle y el psicólogo me decía: “tienes que ser una isla de paz para Nacho” ,”siempre responde con amor ante su rechazo”. Así lo he hecho siempre y mi conclusión es precisamente lo que tú dices. Mi hijo con 20 años no puede hacer vida normal, ni divertirse ni estudiar, a veces dice que no quiere vivir, que la vida no es para él. Pero no sabe explicar lo que le hace sentir tanta angustia. Porque cuando su padre le dañaba y jugaba con sus sentimientos, nadie le decía que estaba haciendo mal y ahora, aunque yo se lo intente explicar no puede creerme.
          Yo le pido a su padre que tengamos un encuentro los tres para que él le cuente su versión de los hechos y yo la mía cara a cara. Pero claro, él no quiere porque no podría mantener tantas mentiras delante de mí.
          Así que la inseguridad, la incertidumbre y el miedo se unen a una angustia y una pena que él no sabe como explicar y no le deja vivir.

          • JM Aguilar
            28 marzo, 2016 at 4:21 pm

            Me encargaré de que su respuesta llegue a esa otra madre. No se preocupe.

          • Mar
            29 marzo, 2016 at 7:17 pm

            Hola Adriana. Yo soy otra madre como tu, mi hijo tiene 18 años ahora. Aunque diriges tu mensaje a Marga, yo me llamo mar y me gustaría charlar contigo pues por lo que dices hemos vivido algo muy similar y nuestros hijos tienen edades parecidas. En mi caso llevé a mi hijo a un psicólogo de la seguridad social que no me dio pauta alguna y tampoco resultó efectivo para mitigar lo que a mi hijo le estaba sucediendo. Sí me dio pautas una psicóloga a la que acudí de mediación con el padre de mi hijo, el se marchó y yo seguí con ella. Adriana yo lo que he visto en mi hijo son las mismas secuelas que tuve yo con su padre, hice lo que tu y no hablarle nunca mal de su padre. Si quieres podemos intercambiar. Yo soy de Madrid. ¿Qué te parece?

          • Marga
            4 abril, 2016 at 3:33 pm

            hola Adriana

            Pienso que nuestros hijos tienen muchos problemas causados por lo que han vivido con el alienador… han tenido que vivir (y formar parte) de las mentiras que les han contado…

            Es muy cruel “robar” un hijo a una madre… pero pienso que todavía es más cruel “robarle ” a un niño su madre… Pienso que los niños NECESITAN a su madre para crecer lo mejor posible. Si no, no maduran correctamente… hay que inculcarles amor, ternura, NO ODIO. Esa es la labor de cualquier buen padre-madre

            Pienso que no hay que esperar nada positivo, de alguien que es capaz de privar a su propio hijo de su madre.

            Un abrazo

      • Antonio
        20 agosto, 2015 at 1:45 pm

        Pero ¿si la alienación ya es severa; el hijo te rechaza abiertamente e incluso participa de la teatralización de supuestos hechos, como puede ser de violencia hacia su persona, y ya no tienes “visitas”; ha cumplido los 16 años y la justicia le ha “concedido” la libertad de ir o no ir con su padre a pesar de los muchos antecedentes de obstrucciones maternas al vínculo paterno filial, con informes periciales forenses que atestiguan manipulación y hablan de que está sometido a “maltrato emocional”; aún así hay alguna esperanza y se debe seguir intentando el acercamiento una y otra vez para seguir siendo ninguneado?

        • JM Aguilar
          24 agosto, 2015 at 6:21 pm

          Sí hay esperanza. La vía legal está cortada pero existen otras vías que trabajamos con los padres. Usar la vía legal tiene un límite que nunca debe sobrepasarse. Hay que aprender a comunicarse con ellos, con todas las limitaciones e incluso cuando ellos no quieren. Es un tema recurrente en consulta.

          • Marga
            4 abril, 2016 at 3:15 pm

            Hola José Manuel

            Soy de las que piensan que “mientras hay vida hay esperanza”… pero se hace muy difícil seguir manteniendo la esperanza cuando sólo recibes rechazos

            Me gustaría que nos explicaras ¿cuál es ese límite legal, que no debiéramos pasar? porque no tengo claro si yo lo sobrepasé. Sí tengo claro que la justicia me falló completamente. Hoy, cinco años después, pienso que hay que denunciar ante cualquier maltrato a un menor… pero sin confiar demasiado en que lo solucionen… no sé si me explio bien; Me siento en la obligación de denunciar cualquier maltrato, pero me sentí muy decepcionada cuando la “justicia” no hizo nada …

            Mil gracias José Manuel, por tu ayuda

          • JM Aguilar
            4 abril, 2016 at 7:56 pm

            Creo que hay que reclamar tus derechos y los de tus hijos, pero no creo que la solución venga de la Administración de Justicia porque es ella la que lo genera. Niega casi sistemáticamente la solución. Cada vez recomiendo más salirse del sistema y cada vez me da más resultado.

        • Marga
          2 septiembre, 2015 at 10:08 am

          Buenas, en mi caso, mi hija tiene 17, su padre no la devolvió de las vacaciones cuando cumplió los 12 (aunque el maltrato de mi hija hacia mí, empezó un año antes).
          En estos 5 años siempre he intentado mantener un mímino de comunicación con ella. Muchas veces ella me ha tratado mal, pero yo lo seguía intentando…
          Tengo muy claro que el trato que he recibido de mi hija no ha sido correcto en muchas ocasiones, pero si me pongo en el lugar de mi hija, entiendo que cuanto peor me trate, más satisface a su padre. ¿qué otra opción tiene mi hija?… Creo que ella hace lo que le han “enseñado” a hacer.

          Muchas veces he intentado “sacarme de la cabeza” a mi hija (porque necesito sobrevivir), pero no puedes olvidar aquello que depende del corazón.
          También he pensado muchas veces en dejar de intentar comunicar con ella (para evitarme más rechazos), pero creo que ella me necesita, aunque no sepa o pueda reconocerlo. Creo que necesita saber que estoy ahí, para cuando ella quiera

          “mientras hay vida hay esperanza”, por eso creo que siempre hay que seguir intentando mantener comunicación con nuestros hijos. Si ellos son capaces de ver la realidad, se convertirán en buenas personas y entonces nos necesitarán a su lado

          sólo deseo que tenga la serenidad para aceptar las cosas que no puede cambiar, valor para cambiar aquellas que sí puede cambiar, y sabiduría para reconocer la diferencia

          MI HIJA ERA MUY BUENA NIÑA, SÓLO NECESITA TIEMPO Y TRANQUILIDAD PARA RECORDAR TODO LO QUE REALMENTE VIVIÓ CONMIGO

        • Mar
          4 septiembre, 2015 at 1:02 am

          Antonio, Sí es posible pese a todo. Mi hijo tenía un sap severo, de no poder compartir ni el mismo lugar físico cuando tras más de un año pude verle al fin, ni una misma sala con una terapeuta delante, así me lo encontré tras una dolorosísima ausencia. No había visitas, no había nada. A mi se me ocurrió hablar con un vigilante de la finca donde vivía, y esta persona le pasaba mis notas, mis detalles cuando le veía solo…así poco a poco, recordándole que yo estaba allí, que le quería pese a odiarme..Un día conseguí jugar unos instantes y hacernos señas el desde el balcón donde vivía y yo desde donde yo vivía, con toallas en la mano los dos, así nos comunicamos. Otro día fue una llamada de dos minutos, y otro día……Fueron muchos días Antonio, muchísimos. Hoy tenemos contacto, nos hemos ido de vacaciones, compartimos… Queda un larguísimo camino, pero quiero decirte que aunque todo se ponga en contra, si algo he aprendido de mi propia experiencia y de la otros padres es que tenemos una enorme creatividad para acercarnos a nuestros hijos una y otra vez en las circunstancias más desfavorables. Yo apuesto por el reiterar, a mi me queda claro que aunque te sientas ninguneado a tu hijo le llega tus detalles..aunque te pueda parecer que no. Te puedo decir que en esa ausencia que duró más de un año, yo le mandaba emails hablándole de las cosas que sucedían, de la familia, de lo que le echaba de menos, de los recuerdos, y nunca me respondía, al cabo del tiempo…resulta que se los había leído. Yo me sentía ninguneada, jamás una respuesta, pero a el le llegó. No pierdas la fe. Un abrazo

        • Marga
          4 abril, 2016 at 3:41 pm

          Hola Antonio,

          también a mí me gustaría saber cuál el límite emocional “aceptable”… ¿hasta dónde debemos “permitir” que nos trate mal un hijo? en casos de alienación parental

          Tengo muy claro que no aceptaría malos tratos de nadie… pero es mi hija… y soy consciente de que hace lo que su padre quiere. ¿tiene que tratarme mal a mí, para satisfacer a su padre?

          ¿dónde está ese límite?

          Un abrazo

  4. Ana Flores
    7 agosto, 2015 at 4:45 pm

    Esto es exactamente lo que le pasa a mi hijo de apenas 5 años. Estoy a tiempo de cortar o romper con esto. El esta en terapia ya le envíe su articulo a la psicologa.
    Muy muy valioso para mi su artículo. Gracias

  5. Mar
    14 agosto, 2015 at 9:54 pm

    Muchísimas gracias por este articulo. Desde otra perspectiva y como madre de otro Luis, comparto totalmente lo que dices Jose Manuel. . La pregunta que te hizo marga es la que yo me he echo todos los años, ¿Cómo ayudarles a que se den cuenta por ellos mismos sin desacreditar a su padre?. Yo estoy en ese proceso de desmontar mentiras recuperada la relación con el, sin ruta y muy lentamente, con mucho cuidado. Algo que me llama la atención es que muchos de estos niños son tremendamente brillantes en los estudios, mi hijo lo es, sin embargo tiene mucho problema de despistes…¿Cómo es posible esto?. ¡Muchas gracias!!

    • JM Aguilar
      24 agosto, 2015 at 6:22 pm

      Los estudios son un refugio para muchos niños. A mí me llamó la atención también hace más de diez años. Tenía niños brillantes que se encerraban en su burbuja académica donde el mundo estaba controlado. Por otro lado, así se hacen valer también ante sus progenitores maltratadores. Recuerda que todo esto se basa en el miedo al alienador.

  6. Maria
    22 abril, 2017 at 6:03 pm

    Hola, agotada la vía legal, mi hija tiene ahora 25 años, todos los intentos que hago para acercarme a ella son infructuosos, es más ella sólo expresa que acercarnos la aleja más, por favor orienteme de que hacer, a mí hija le diagnosticaron SAP severo cuando tenía 12 años, al padre le retiraron la custodia de la hija menor, que convive conmigo y la mayor no la hemos podido volver a ver.gracias

    • JM Aguilar
      24 abril, 2017 at 8:58 am

      Esta consulta se está haciendo cada día más frecuente. Existen diversas cuestiones que debe conocer y estrategias que llevar a cabo que están funcionando y ya hemos expuesto en conferencias y libros. Si desea conocerlas puede escribirme un correo electrónico y concertaremos una cita. Visite ésta página.

  7. Guillermo E T
    14 noviembre, 2017 at 8:03 pm

    JM cordial saludo, Le escribo desde Colombia. Tenemos el caso en nuestra familia, de nuestra nieta mayor alienada por su padre, se la quito a la madre mediante acusaciones falsas de maltrato que ya le fueron tumbadas en el Juzgado de familia y le dieron la custodia permanente a nuestra hija, sin embargo hasta hoy este Señor no le ha entregado la niña bajo el argumento delante de las autoridades que la niña no quiere volver con su mamá. Utilizó el tiempo necesario mientras estas falsas acusaciones fueron aclaradas y ahora la menor alienada rechaza a la madre -nuestra hija- El alienante es un funcionario publico, abogado y político, con mil artimañas usadas para alejar la niña de su madre. Mi hija ha obtenido por 4ta vez la custodia de la menor, primero se la otorgo provisionalmente el Instituto Colombiano de bienestar familiar, porque el alienante no acudió a la cita para definir esto, sin embargo este hombre enseguida paso su caso de supuesto maltrato a la comisaria de Familia y luego al juzgado II de familia, en una apelación por decisión del Comisario, el cual tambien perdió y sin esperar fallo de la apelación llevo su caso a su ciudad natal y la puso en manos de un juez de familia que acabo de decidir en favor de su madre nuevamente, pero hace mas de 1 mes se fallo en su favor y aun no le ha entregado a su hija. Todos le han exigido la entrega de la niña y siempre se ha negado. Ahora la niña se niega a alejarse de su padre y las autoridades dicen que no pueden hacer nada contra su voluntad, la niña cuenta con 9 años recién cumplidos. ¿Puede una niña de 9 años decidir sobre su futuro? Ya se le demando al alienante por ejercicio arbitrario de custodia y desacato a resolución judicial, estamos esperando esto en que termina. Tengo a nuestra hija demasiado afligida junto con mi esposa, no se que hacer. Y si mañana le entregan la niña ¿como sera esa relacion conflictiva con su madre? ¿como manejar esto? Dios mio, misericordia para todos. Sera posible acceder a la menor para convencerla del daño que ha recibido sin acusar abiertamente a su padre? Que hacer por favor? Gracias.

  8. Guillermo E T
    14 noviembre, 2017 at 8:10 pm

    JM, se me olvidaba algo. El alienante y la niña a petición del juzgado fueron valorados por sicologia forense, Allí se encontró trastornos de personalidad en este hombre de narcisista-paranoide. Y de la niña se ve que ha tomado mucho de su padre en su comportamiento y actúa con mucha prepotencia cuando habla despectivamente de su madre y de toda su familia materna, y donde el alienante viene obrando con un comportamiento laxo y permisivo en todos los actos de la vida de la niña. Creo que aqui esta el chantaje emocional. Estos trastornos de personalidad no son causales suficientes para quitarle la niña a la fuerza, para iniciar al lado de su madre una vida debidamente asistida con psicoterapia.

  9. ALICIA
    21 diciembre, 2017 at 12:50 pm

    Es muy bueno el artículo. Si además de la situación de divorcio se da la de que uno de los padres esté fallecido el tema es todavía peor para la familia del fallecido. Con pocas o casi ninguna opción de tener contacto con los hijos del fallecido la familia tiene que recurrir a solicitar regimenes de visita que los propios niños no desean y así se lo manifiestan a los jueces.
    No sé cual es el camino a seguir. Los abuelos por desgracia pierden un tiempo precioso si se espera que un día estos niños vean las cosas como son. Los tíos quizás tengamos más tiempo, solo quizás, pero realmente ¿ es posible que un día se den cuenta de como han sido manipulados?

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