¿Los permisos de paternidad perpetúan las discriminación en función del sexo?

     En los últimos años estamos viendo cómo los padres toman permisos de paternidad para criar a sus hijos recién nacidos. Esto ha provocado que por primera vez se haya recogido de forma sistemática qué ocurre cuando los padres asumen, de forma autónoma y completa, la crianza de sus hijos recién nacidos. Margaret O’Brien, profesora de Política Familiar e Infancia del University College London y Karin Wall, profesora de investigación del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa, han recogido testimonios de padres que se han quedado a cargo de sus hijos de forma exclusiva durante sus bajas por paternidad, mientras las madres volvían al trabajo.

     Los resultados que se exponen en su libro Comparative Perspectives on Work-Life Balance and Gender Equality – Fathers on Leave Alone han encontrado que la forma en que las parejas trabajan juntas en estas situaciones es cualitativamente diferente de cómo la vida familiar suele funcionar. Cuando un padre toma sólo un par de semanas de permiso de paternidad, alrededor del momento del nacimiento, y luego regresa al trabajo no asume un papel principal en el cuidado. Incluso podríamos plantearnos que el modo en que está organizado el permiso de paternidad actual puede ser contraproducente y tendría que adoptar otra forma para favorecer la igualdad entre sexos.

¿Qué ocurre cuando los hombres se quedan a cargo de la crianza de sus bebes?

     Lo primero que llama la atención de los testimonios recogidos, en aquellos padres que disfrutan de permisos de paternidad extensos y en exclusiva, es que todo se normaliza: “Era natural asumir las tareas domésticas”, comenta un padre que se quedó en casa durante ocho meses con su hijo. “Tomé dos semanas de permiso de paternidad cuando el bebé nació y una semana más tarde. Luego, cuando tenía unos dieciséis meses, me quedé en casa, combinando vacaciones anuales con permiso de cuidado. No queríamos ponerlo en guardería antes de cumplir dos años. Estaba bien que mi esposa se quedara en casa un año y medio, después de lo cual asumí yo el resto

      El gran descubrimiento de este libro es que los permisos de paternidad breve dejan al padre como un cuidado secundario o ayudante, en vez de elevarlo como cuidador autónomo y en un plano de igualdad con la madre, debido a que el reparto de tareas sigue el modelo tradicional. Cuando los padres asumen en exclusiva la crianza, mientras sus parejas se reincorporan al mundo laboral, las responsabilidades son asumidas por completo por ellos y, como consecuencia, los repartos en función del sexo cambian.

Los padres establecen una relación más íntima con sus hijos.

      El otro gran descubrimiento es que, cuando papá pasa semanas o meses al cuidado en exclusiva de los niños pequeños, la relación a largo plazo con los hijos es mucho más cercana. Esta adaptación se hace en “tiempo lento”, a paso de niño, en lugar del mundo más rápido de un adulto, mientras los padres comienzan a manejarse en parámetros que implican una mayor paciencia y calma, donde el proceso es mucho más importante que lograr la meta planteada, como normalmente ocurre en el mundo laboral de los adultos.

      Paralelo a todo lo anterior, la calidad de las relaciones de las parejas también sufren una mejora, con una mayor comprensión mutua y el intercambio. Incluso se han encontrado que en países como Suecia y Noruega, donde la licencia para padres es muy generosa, las parejas tienen más probabilidades de tener un tercer hijo, en comparación con los padres de otras partes de Europa y América.

Condiciones para que esta medida tenga éxito.

      Los hallazgos de las autoras provienen de datos cualitativos, tomados de once países, que reclama una investigación cuantitativa a gran escala y ofrecen variables que parecen determinar el éxito de esta medida. Una de las cuestiones que plantea es que la licencia parental debe merecer económicamente a la familia.

      Debido a que los padres suelen tener más ingresos que las madres, muchos no se suman a esta medida, por temor al recorte en los ingresos del hogar. Sin embargo, en países donde una parte de la licencia puede ser tomada solamente por el padre y se tiene en cuenta que no se reduzcan los ingresos familiares, las investigadoras han encontrado que muchos más papás las toman. Por otro lado, el hecho de poder intercambiar los roles de cuidador entre padre y madre reduce la dependencia de las parejas de las guarderías, disminuyendo el gasto familiar mensual considerablemente.

     En resumen, podemos concluir que, según los datos encontrados, las políticas actuales de permiso de paternidad apoyan la diferenciación en función del rol de género. Los países que apoyan que los papás asuman, por un tiempo prolongado, el cuidado en exclusiva de sus hijos, están favoreciendo la igualdad entre sexos, favoreciendo el papel del hombre que se ve como una pieza fundamental, respetada y útil en el hogar y la crianza, y que dichas medidas tienen un impacto determinante en la calidad de la pareja y, como consecuencia, en la unidad familiar y el desarrollo de los más pequeños, favoreciendo el aumento de la natalidad.

     Si nos planteamos el alcance de todos estos descubrimientos, podríamos ver que una política fácilmente aplicable por el Gobierno para favorecer la igualdad entre los sexos sería potenciar el papel de cuidado del progenitor varón en exclusiva y no como actor secundario que ayuda a la madre en la crianza.

Bibliografía.

O’Brien M & Wall K (2017). Comparative Perspectives on Work-Life Balance and Gender Equality – Fathers on Leave Alone.  Ed. Springer Open.

 

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