Lecciones de manipulación: ¿El boicot de los productos catalanes afectará negativamente a otras empresas del resto de España?

     El papanatismo está extendido en cada rincón de nuestro país, pero eso no quiere decir, ni muchísimo menos, que cada uno de los ciudadanos que lo pueblan sean un ser crédulo y fácil de engañar. Dentro de los artículos y libros que dedicamos a la manipulación este artículo va a analizar una de las afirmaciones de más rabiosa actualidad: El boicot de los productos catalanes afectará negativamente a la economía de otras partes de España. En el presente artículo demostraremos cómo esta afirmación es esencialmente falsa, busca ocultar los hechos y ofrecerlos de una manera ventajosa para aquellos que se ven afectados negativamente por el boicot, aprovechando para revisar una lección básica de conducta humana.

La manipulación con el argumento falaz.

     Una de las características en la comunicación actual que ejemplifica el pensamiento superficial es la ligereza con la que se realizan muchas afirmaciones. El proceso secesionista catalán nos está ofreciendo innumerables ejemplos de manipulación, de pensamiento apoyado sobre la base de la emoción y de la aplicación de las técnicas más burdas de la agitación y propaganda. Sin embargo, esto es algo que se espera, al ser propio de los movimientos políticos y característica distintiva en los más extremos, como es el caso de los nacionalismos.

     La preocupación que debemos tener sobre la generalización del pensamiento superficial se muestra de forma clara cuando contemplamos cómo lo llevan a cabo aquellos de los que esperamos que por su puesto, formación o experiencia profesional concluyan razonamientos con un mínimo de profundidad y rigor. En la línea de lo que estamos diciendo se encuentras afirmaciones como las realizadas por Manuel Vázquez, Consejero Delegado de CONESA, empresa extremeña dedicada a la transformación del tomate que sirve a una conocida casa de pizzas catalana: «No comprar productos que parecen catalanes puede ser como pegarse un tiro en el pie». La afirmación expresada por este profesional es que el boicot a la marca productora de pizza radicada en Cataluña lleva emparejada una lesión a la economía de Extremadura, ya que ellos les sirven el tomate para sus pizzas.

      Afirmaciones llenas de alarma pero tan discutibles como las anteriores en su razonamiento son las ofrecidas por Javier Peinado, secretario general de la Confederación Empresarial Extremeña: “Nosotros entendemos la indignación y la rabia de la gente, pero desde un punto de vista empresarial, esto del boicot no es bueno para nadie. Los más perjudicados serán los catalanes, pero afectará a mucha más gente”. “Al final, acabas perjudicando al transportista, al distribuidor, a todo el mundo. La economía está ya muy globalizada y es muy difícil disociar”.

Economía global versus política aldeanista.

     Lo primero que nos muestra estas declaraciones es que entender la economía como una acción aislada y unidireccional, como así lo argumentan los nacionalistas, no tiene ningún sentido en un mundo global e hiperconectado.

     Lo segundo que podemos observar es que estamos ante un perfecto ejemplo de argumento falaz, es decir, de argumento que parece válido pero no lo es y, considerando los intereses en los que se inscriben los autores de dichas afirmaciones, podríamos plantearnos con una alta probabilidad que con intención de manipular y persuadir a los consumidores.

      Si analizamos el hecho: un consumidor decide no comprar un producto – por ejemplo, una pizza de una marca catalana- porque considera que lo que representa o la emoción que le produce no le resulta grato, tendremos que plantearnos que esa conducta va a ser sustituida por otra, es decir, el consumidor va a elegir otra marca de pizza cuya marca no le produzca rechazo. Por tanto, la conducta se produce, es decir, el consumo del producto se lleva a cabo, producto al que tendrán que atender otros (o tal vez los mismos) productores de harina, tomate, mozzarella, orégano o aceite y, con una alta probabilidad, de la misma comunidad autónoma o limítrofe, puesto que no son alimentos que se puedan producir en cualquier rincón de nuestro país.

     La afirmación que realiza el Sr. Vázquez juega con la idea tácita de que, de no producirse la compra del producto de la citada marca, no se va a comprar ningún otro, lo que es del todo falso y mostraría una clara intención, al buscar con ella que sea aquella marca a la que él sirve su propio producto la que siga comprándose, bajo el argumento que si no es así ellos, que son extremeños, se verán afectados en su facturación propia.

     Les planteamos otro ejemplo. Si los clientes dejan de comprar un medicamento genérico de Kern Pharma, multinacional alemana cuyos centros de producción están radicados en Cataluña, afirmar algo como que eso traerá consecuencias irreparables porque los consumidores dejarán de comprar y eso afectará a toda la cadena de empresas, muchas de ellas no radicadas en Cataluña, es un argumento tan superficial como falso. Estarán conmigo que es irracional pensar que la alternativa que elijan el consumidor sea no curar su mal o sufrir dolor de forma estoica. Lo lógico sería pensar que elegirán un medicamento sustituto de Normon, empresa farmacéutica radicada en Madrid. Por tanto, lo que se producirá es un desplazamiento del consumo y, como consecuencia, un beneficio para otras empresas no relacionadas con el separatismo catalán.

El argumento correcto.

     Más acertado en sus afirmaciones se encuentra el Sr. Peinado que, por razón del cargo que ostenta, es lógico que defienda el producto extremeño. Es muy distinto afirmar que el boicot a los productos Catalanes tendrá un efecto que se extenderá a otras empresas que proveen o distribuyen esas marcas. Esa es una afirmación ajustada a la realidad, junto con decir que el boicot va a producir un desplazamiento del consumo de unas marcas a otras no relacionadas con el proceso secesionista catalán. Esa es una afirmación que parece más correcta que la anterior, sin embargo, como ustedes pueden leer, esto no tiene una ganancia para aquel que se queja que sus ventas bajan por ser proveedor de las marcas catalanas afectadas, ya que lo que implica esta afirmación es que ahora se beneficiarán otras empresas, por ejemplo, otras marcas de pizzas, cavas o fuet, que no tienen vinculación con dicha comunidad autónoma. A esas empresas otras empresas de Aragón, Castilla o la propia Extremadura, al ver subir sus ventas por el desplazamiento del consumo, les tendrá que suministrar entonces el tomate, la harina o la mozzarella, porque el consumo no desaparece. Se desplazará.

     El propio José Luis Bonet, presidente de Freixenet y de la Cámara de Comercio de España, recordaba en el diario El Pais recientemente el boicot del 2006: “Por culpa de unas muy desafortunadas palabras de Carod-Rovira, nuestro sector no creció todo lo que podía haber hecho. Todo esto es muy desagradable. Genera un daño que no nos merecemos”. El boicot no hizo que se desplomaran las ventas de cava en el resto de España, pero sí propició un cambio de tendencia que derivó en un estancamiento de la venta en Cataluña.

Situación en la que todos pierden.

     Una tercera cuestión que este infame asunto del nacionalismo nos plantea sea que, de tanto darnos bastonazos unos a otros, el beneficiado sea un tercero, tal vez francés con sede en Toulouse o un productor húngaro con una flamante fábrica en Budapest, lo que no deja de tener su cierta ironía y nos muestra una vez más que el nacionalismo anacrónico y trasnochado nos puede haber empujado a una situación lost-lost.

     Tal vez sea el momento de recordar campañas de boicot como las llevadas contra Triumph por apoyar al gobierno militar opresor de Myanmar, o el descrédito sufrido por marcas como H&M, GAP o Adidas cuando se denunció las condiciones laborales en las fábricas textiles de Camboya donde se confeccionaban sus productos, y plantearse que el consumidor no debe ser menospreciado y tratado como niño, sino como soberano que gasta su dinero allá donde considera oportuno.

     Finalizamos invitando a no perder una oportunidad para analizar la realidad, en la intención de discernir los intentos de manipulación que nos rodean y, con el uso de la libertad que disfrutamos gracias a nuestro marco jurídico, hacer cada cual lo que le plazca.

Fuentes:

De Cáceres a Mallorca: el boicot a productos catalanes preocupa ya en toda España

El corcho del cava es de Málaga y otros motivos por los que el boicot a Cataluña es absurdo

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