Las distorsiones cognitivas: el filtro para describir el mundo.

La raíz de muchos de los problemas de ansiedad y depresión, así como el fracaso en sus interacciones sociales (entrevista de trabajo, declaración ante un juzgado, exposición ante un aforo, etc.) que nos encontramos con nuestros pacientes es su insistencia en afirmar sentencias que consideran de forma monolítica, como verdades absolutas que la mayor parte del tiempo están muy alejadas de la realidad. A estas afirmaciones la psicología las denomina distorsiones cognitivas y su abordaje se encuentran en la base de los tratamientos de ansiedad y depresión de los pacientes que diariamente consultan al profesional de la salud mental, pero también tienen una gran incidencia, por las dificultades que en el trato provocan, en el trabajo diario de otros profesionales que con ellos tienen que trabajar en asuntos con una fuerte carga emocional, como es el caso de los abogados, tanto con sus clientes como con ellos mismos. 

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Si estas distorsiones no son trabajadas, el tratamiento psicológico no va a tener un buen pronóstico, pero también se va a ver afectado la comprensión de las instrucciones que el abogado ofrezca a su cliente o la declaración que ante el equipo técnico, juzgado o tribunal lleve a cabo. Este, convencido de su verdad, se mostrará rígido e inflexible, pero también se olvidará o dará por sabido datos que presupone que el equipo técnico de evaluación pericial o el juez va a deducir sin más. El cliente, convencido de lo que él considera debe darse importancia, insistirá una y otra vez en temas que a su interlocutor no le interese, o incluso pueda interpretar de forma contraria a los intereses del que habla.

¿Cómo actúan las distorsiones cognitivas en la depresión y la ansiedad del paciente?

En el tratamiento que lleva a cabo el psicólogo con los pacientes con depresión y ansiedad las distorsiones cognitivas se definen como un error en la evaluación de la información provocado por unas creencias y estrategias desadaptativas. Este error lleva al sujeto a realizar comportamientos y sentir emociones igualmente desadaptativas.

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Estas evaluaciones y los pensamientos y conductas que se llevan a cabo son acerca de uno mismo, el mundo que nos rodea y el futuro. No estamos hablando de una enfermedad en sí mismo. A lo largo de nuestro día a día todos hacemos alguna distorsión cognitiva. Sin embargo, cuando conforman el eje central del pensamiento y la acción del sujeto se convierten en el responsable, entre otros, de muchos trastornos de personalidad, de episodios de ansiedad y depresión.

¿Cuál es el origen de las distorsiones cognitivas?

El origen de las distorsiones cognitivas suele estar en aprendizajes pasados que terminamos por generalizar, es decir, mantener en el tiempo y en distintas situaciones alejadas de la original. Al ocurrir esto la capacidad adaptativa o utilidad que tuvieron se deteriora, hasta llegar a tener consecuencias negativas para el sujeto.

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En la infancia y la adolescencia construimos imágenes y relaciones que buscan explicar el funcionamiento del mundo que nos rodea, de las personas con las que interactuamos y los sentimientos que nos inundan. Si mantenemos esos mismos esquemas sin cambiarlos a las nuevas situaciones, sin ajustarlos a los nuevos hechos, seguramente se convertirán en una fuente de desajuste.

¿Cuáles son las más comunes?

Existen muchas distorsiones cognitivas y los sujetos utilizan una o varias a la vez. Las más comunes son la abstracción selectiva (evaluar un hecho teniendo en cuenta un único elemento e ignorando el resto), la inferencia arbitraria (llegar a una conclusión sin pruebas o incluso con pruebas en contra; dentro se incluyen la lectura de la mente: “seguro que está pensando…” y la adivinación del futuro: “seguro que va a pasar…”), el uso de enunciados del tipo debo (“debería quererme, debería darse cuenta”), enunciados tipo necesito (“necesito que me quiera, necesito que se de cuenta”) o enunciados tengo que (“tengo que ser el mejor, tengo que hacerlo”). Pondremos varios ejemplos:

Pensamiento dicotómico: En las rupturas de pareja uno de los miembros comienza a ver y definir al otro mucho peor de lo que es, pasando del amor al rechazo u odio. Esto corresponde a la necesidad que tiene de justificar su deseo de divorcio o, todo lo contrario, su necesidad de reconstruir su imagen al haber sido abandonado.

Inferencia arbitraria: en los sujetos depresivos es habitual que consideren que sus dificultades de concentración están causados por un proceso de deterioro cognitivo (demencia), cuando es un proceso lógico de su pensamiento alterado. Lo mismo les ocurre alos pacientes con ansiedad, que consideran que tienen un serio riesgo de infarto cuando sienten la presión del pecho, consecuencia lógica fisiológico-vegetativo de la angustia que sufren.

Desvalorización: los niños y adolescentes suelen recurrir a frases como “no puedo”, “no lo entiendo”, “no voy a ser capaz”, “no me gusta” que determinan que adopten una actitud negativa cuando van a realizar una tarea, auto-confirmando sus expectativas negativas. Al final de artículo pueden encontrar estrategias para superar este bloqueo.

Para abordar las consecuencias de este tipo de pensamientos deberemos enseñar al paciente a que sepa enfrentarse de forma racional y lógica a las distorsiones y los pensamientos y sensaciones negativas que le provocan. Cuando el paciente lo entiende es capaz de llevarlo a cabo en su día a día y eliminar el problema.

¿Qué es la reestructuración cognitiva?

La reestructuración cognitiva consiste en que el paciente, con la ayuda del psicólogo, reconozca y cuestione sus pensamientos negativos y desadaptativos, con la intención de modificarlos o sustituirlos por otros más ajustados, consiguiendo con ello reducir la alteración emocional y conductual producida por la ansiedad o la depresión que siente.

La forma para lograr lo anterior es tratar los pensamientos del paciente como hipótesis que, con ayuda del terapeuta, serán comprobadas o rechazadas. El profesional planteará preguntas para que sea el propio paciente el que lleve a cabo la valoración de sus pensamientos, su validez y utilidad. Un ejemplo:

Cuando un adolescente o un trabajador expresa su creencia en que será incapaz de llevar a cabo determinada tarea (p.e.: “no voy a ser capaz de hacerlo”) se le plantea que contraste su creencia anterior (que definiremos como hipótesis) llevando a cabo una tarea que domine (contrastamos la hipótesis) para que compruebe que estaba equivocado. Esta tarea puede ser algo más simple y, cuando se supere, deberíamos ir a por otras más complejas, hasta alcanzar la tarea que inicialmente se consideraba incapaz de alcanzar.

A la hora de hacer una entrevista de trabajo o una declaración ante cualquier órgano de la Administración de Justicia es fundamental que el sujeto sepa transmitir aquello que desea o necesita mostrar ante el evaluador, alejándose de las suposiciones o prejuicios que siempre van a restarle credibilidad, cuando no van a ir en su contra.

Esta técnica se ha mostrado muy eficaz en trastornos como la ansiedad y la depresión, la mejora en habilidades sociales y comunicación, el trastorno bipolar (junto con los psicofármacos), trastornos somatomorfos (hipocondría), de la conducta alimentaria, trastorno de personalidad límite, insomnio, ira, agresión, disfunción eréctil, terapia de pareja, la fibromialgia y autoestima, entre otros.

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