¿Las denuncias falsas de abuso sexual infantil existen?

     El abuso a menores es un serio problema en nuestra sociedad. A las severas consecuencias que conlleva para la víctima, debemos añadir el daño a los familiares y otros adultos del entorno que, en muchas ocasiones, se sienten culpables por no haber estado más atentos o directamente responsables por haber permitido que el agresor se relacionara con ella. Sin embargo, como otros abusos que se desarrollan ocultos a la vista de testigos y frecuentemente sin más apoyo que la declaración de la supuesta víctima, su valoración se convierte en una tarea difícil, que requiere un trabajo muy profesional y especializado.

      En julio de 2016, el Tribunal Supremo de España ha afirmado, en Sentencia Nº480/2016, queexiste consenso científico en que la proporción de falsos relatos de abuso sexual infantil es muy reducida”. El razonamiento – cuyo ponente ha sido el magistrado y ex fiscal general del Estado Cándido Conde-Pumpido- vienen como consecuencia de una sentencia en la que se condena a un ciudadano a dieciocho años y medio de cárcel por agresión sexual continuada a su sobrina. El hombre ponía en duda el testimonio de la víctima y ahí el tribunal subraya el consenso científico sobre la escasa proporción de relatos falsos por parte de los niños.

      Lo primero que llama la atención es que el alto tribunal parece enmendar la Circular que la Fiscalía General del Estado emitió cuando él arriba citado ocupaba su jefatura, como veremos en la última parte de este artículo.

      Lo segundo es que, considerando este razonamiento, faltaría explicar cómo es entonces posible que, a pesar de las declaraciones del menor, haya no pocos procedimientos que se resuelvan con el archivo o, aún más, juicios resueltos con la absolución de los acusados.

     Sin embargo, lo que nos llama poderosamente la atención es que la reciente sentencia lleva a cabo afirmaciones que colisionan severamente con lo que conocemos en la práctica forense diaria, tanto a nivel de servicios públicos, como en el ámbito del peritaje privado o la investigación en la universidad.

     En el XII Simposium de Psiquiatría forense, celebrado en Madrid en el año 2004, ya se recogió que “el incremento de las falsas denuncias, tanto de maltrato como fundamentalmente de abuso sexual infantil en los últimos años (lo que algunos han dado en llamar “el abuso de la denuncia de abuso”), ha sido ampliamente reconocido por distintos autores” (Ruiz, 2006). Uno de esos documentos que recogió este hecho en aquellos años fue la Memoria del Instituto de Medicina Legal de Murcia del año 2005, que ponía cifras a esta realidad.

     A nivel internacional, desde años atrás ya se había venido manifestando este hecho. En 2001, el Canadian Incidence Study of Reported Child Abuse and Neglect concluía que, del total de investigaciones sobre abuso sexual infantil llevadas a cabo en 1998, un 39% fueron no-confirmadas (unsubstantiated; hubo suficiente evidencia indicando que no se había producido abuso). El informe del U.S. Department of Health and Human Services de 2003, y en relación con el abuso infantil en general, señaló que un 59,2% de las denuncias fueron infundadas (unsubstantiated), es decir, se determinó que “no había ocurrido ningún maltrato o que había evidencia insuficiente bajo la ley o política estatal para concluir que el niño estaba siendo maltratado o corría el riesgo de ser maltratado”.

     Aunque las cifras no plantean otra cuestión más allá de la afirmación de que sí existen falsas alegaciones, no pudiendo encontrar un acuerdo en cuanto al porcentaje de los casos – en todo caso no desdeñable-, en lo que existe un mayor consenso es en que el conflicto de pareja aumenta la probabilidad de que la falsa alegación se produzca, que no se denuncian todos los casos existentes, que los niños -como los adultos- pueden ser sugestionables, que enseñamos a mentir a los niños desde muy pequeños – a través de juegos y la socialización-, que son capaces de mentir desde temprana edad, especialmente si ellos u otra persona cercana han transgredido una norma, y que la precisión de los adultos al juzgar las declaraciones falsas está cercana al nivel esperado por azar. La memoria, la mentira, la sugestión y las técnicas de entrevista son alguno de los temas relevantes relacionados con este tema que vamos a desarrollar.

¿Por qué usted no recuerda nada de antes de los tres años?

      La falta de recuerdos de antes de los tres años se llama amnesia infantil. Se explica por el hecho de que el sistema neurológico no ha madurado completamente, junto con las limitaciones en el desarrollo del lenguaje, de los procesos de interpretación y codificación de la información, la falta de elaboración del concepto de tiempo y la dificultad para discriminar entre realidad y ficción propia de esa edad. Las habilidades que nos permiten atribuir intención y responsabilidad, como por ejemplo la empatía o el juicio moral, tampoco se han completado. Todo ello nos ofrece un escenario en donde la información almacenada lo va a ser bajo premisas y puntos de vista que posteriormente cambiarán, alterando su contenido.

     La maduración de las estructuras mediales del lóbulo temporal y la activación progresiva de los lóbulos frontales son esenciales para disfrutar de una capacidad adecuada que nos permita evocar memoria explícitas (Cycowicz, 2000). Los niños de cinco años presentan un pobre desempeño en tareas de evocación de recuerdos, lo que los investigadores correlacionan con una hipoactivación del lóbulo frontal. Esto nos plantea que la maduración de la corteza prefrontal es de alguna manera responsable de las diferencias en el incremento de la capacidad de recuerdo que se observa a mayor edad. Por tanto, a mayor desarrollo cerebral, especialmente la maduración de las áreas señaladas y del hipocampo, procesos de memoria más eficientes y complejos.

La memoria interpreta y transforma.

     La memoria no graba hechos, al modo que lo hace su cámara de vídeo, sino interpretaciones de la realidad. Por ello, si desconocemos el valor o la intención de determinados hechos, porque nuestra edad aún no nos lo permite, seremos incapaces de almacenarlos de forma ajustada. Por otro lado, la memoria es dinámica, por lo que los hechos almacenados van modificándose con las experiencias posteriores. Esto nos indica que el paso del tiempo y de los acontecimientos van a alterar de forma significativa el recuerdo de lo experimentado. En experimentos llevados a cabo con niños de entre cuatro a doce años se ha encontrado la dificultad que los más pequeños tienen para discriminar el origen real o imaginado de lo relatado o, dicho de otra forma, distinguir entre lo que imaginó hacer de aquello que realmente vio, especialmente en el grupo de cuatro a ocho años (Sussman, 2001). Otros trabajos no han encontrado tantas diferencias, aún reconociéndolas, aunque tal vez lo más interesante es que se ha comprobado una vez más la importancia de las variables externas al propio proceso psicológico, como por ejemplo el tipo de situación, la similitud entre las situaciones o la implicación del niño en ella.

¿Qué edad es más susceptible a la manipulación?

     A la alteración en el recuerdo intrínseca de la memoria debemos sumar la capacidad de manipulación que tienen los niños. En investigación se ha encontrado que hasta el 40% de los menores de tres años pueden informar de tocamientos genitales falsos cuando se les pregunta de forma sugestiva, tras un examen médico que no incluía la exploración genital. Conforme la edad aumenta, el menor se hace más resistente a la sugestión, siendo a partir de los doce años tan capaces como los jóvenes de resistirse a preguntas engañosas.

     Los niños entre tres y siete años pueden ser bastante exactos al describir un suceso novedoso y relevante. Sin embargo, los niños más pequeños pueden ser incapaces de discriminar entre el esquema general y los detalles episódicos concretos, lo que puede llevarles a mezclar detalles de diferentes sucesos y proporcionar un dato de un episodio concreto como ocurrido en otro episodio.

     Aún más interesante es comprobar que sus recuerdos dependen más que en el caso de los mayores de las preguntas que se les haga para guiar sus recuerdos y, por tanto, son más susceptibles a la manipulación. Cuanto más pequeños sean, más vulnerables a la hora de sugerirles información falsa. En experimentos se ha logrado manipular con facilidad la interpretación de una escena por parte de niños de entre cinco y seis años, especialmente cuando el adulto hacía las sugerencia de recuerdo de forma insistente, lo que nos recuerda la importancia de recoger un relato de los hecho de forma rápida y sin interrogatorios reiterados. Una de las hipótesis más interesantes que se han planteado sobre por qué los niños son tan susceptibles a las sugerencias es su mayor sumisión y confianza a las figuras de autoridad de los adultos, algo que con la edad va disminuyendo.

El interrogatorio repetido.

     El paso del tiempo entre el hecho a recordar y su evocación afecta muy seriamente siempre y, en el caso de los niños, es una variable aún más relevante. Junto con la anterior, la sugestión que proviene de distintas fuentes es más poderosa de la que viene de un adulto exclusivamente. Esto es muy habitual cuando unos padres descubren que su hijo ha podido sufrir abuso sexual. Los niños son interrogados reiteradamente por padres, familiares, docentes y sanitarios antes de llegar al psicólogo forense, lo que aumenta la probabilidad de alterar sus recuerdos.

     Una variable que frecuentemente se olvida es el hecho de que la creación de una atmósfera emocionalmente sesgada (Melnyk, Crossman y Scullin, 2007) es una variable que ayuda a provocar sugestión. En muchas ocasiones los propios profesionales encargados de la evaluación, contribuyen a su creación olvidando, en el caso de éstos, la necesaria distancia profesional y emocional para llevar a cabo una ajustada evaluación del testimonio. En la entrevista hay que mostrar una actitud neutral pero de aceptación. La atmósfera no debe ser acusatoria ni intimidatoria, pero tampoco condescendiente y deben evitarse los juicios de valor.

     La Circular 3/2009, de 10 de noviembre, sobre protección de los menores víctimas y testigos de la Fiscalía General del Estado de España recuerda que “No ha de olvidarse que el grado de sugestión que pueda tener una pregunta depende no sólo de su estructura gramatical y semántica sino del tono y de la autoridad del interrogador. Se evitará por ello, sobre todo en edades tempranas, lo que ha venido en llamarse “sugestión por coacción implícita” que genera en el niño confusión entre lo que se quiere que él diga o piense y lo que efectivamente piensa o quiere decir. Es frecuente que el niño trate de comprender qué desea el interrogador que diga, especialmente cuando se ve dominado por la seguridad del adulto, de modo que puede someterse con facilidad a la afirmación de la persona que le interroga, sin darse cuenta que anteriormente pensaba de forma distinta. La tensión que genera en un menor la declaración ante la Policía, el Juez, el Fiscal u otras autoridades puede poner en marcha un mecanismo de defensa que hace que el niño esté menos atento al objeto del interrogatorio y más pendiente del sujeto activo del mismo, al que trata de satisfacer para que cese la situación estresante”.

     Sin abandonar el anterior documento, es muy interesante para el tema que nos ocupa que la Circular de la Fiscalía General del Estado de España recoge la posibilidad de que el niño declare en falso. “Tampoco debe perderse de vista, en relación con los delitos contra la libertad sexual de menores, el denominado ‘síndrome de acomodación del abuso sexual infantil’. Este síndrome describe que es habitual que el niño se vea presionado por sus sentimientos de culpa y por el sufrimiento de sus familiares, y sienta que tiene en su poder la responsabilidad de proteger o dañar a su familia, lo que puede generar falsas retractaciones”. Como razonamiento final, y siguiendo la misma línea argumenta expuesta en el documento de la Fiscalía, podríamos pensar que el niño “presionado por sus sentimientos de culpa y por el sufrimiento de sus familiares” y sintiendo “que tiene en su poder la responsabilidad de proteger o dañar a su familia” puede generar falsas alegaciones, si con ello considera que beneficia o protege a una persona querida.

      En resumen, la investigación en Psicología ha mostrado que un asunto tan importante como este no se somete a afirmaciones reduccionistas y, aún más, requieren un elevado esfuerzo metodológico y técnico para alcanzar ciertas conclusiones, dentro de los limitados grados de credibilidad que la propia técnica recuerda.

Fuentes.

Circular 3/2009, de 10 de noviembre, sobre protección de los menores víctimas y testigos de la Fiscalía General del Estado de España.

Cycowicz, Y. (2000). Memory development and event-related brain potentials in children. Biological Psychology, 54, 145-74.

Melnyk, L., Crossman, A.M. y Scullin, M.H. (2007). The suggestibility of children’s memory. En M.P. Toglia, J.D. Read, D.F. Ross y R.C.L. Lindsay (eds.). The handbook of eyewitness psychology. Vol.I: memory for events (pp. 401-427). Londres: LEA.

Ruiz, M.P. (2006). Falsas alegaciones de abuso sexual infantil, detección y abordaje pericial. Jueces para la democracia, ISSN 1133-0627, Nº 57, 2006, 91-98.

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