Las crisis vitales

  El origen de gran parte de las consultas que se llevan a cabo en el despacho de un psicólogo tienen su origen en el afrontamiento de una de las crisis vitales que, a lo largo de su vida, todos vamos a experimentar.

  Las crisis vitales podrían describirse como etapas en las que se produce un proceso psicológico de reorganización de las estructuras del sujeto, desorganizadas temporalmente ante situaciones nuevas con las que se ve obligado a enfrentarse. Esas situaciones pueden deberse a acontecimientos concretos (p. ej., la pérdida de un puesto de trabajo o un divorcio) o a etapas específicas de la evolución vital del sujeto (p. ej., crisis de la adolescencia o de la mediana edad). Ante el nuevo escenario el individuo responde de la forma que venía haciendo hasta ese momento, descubriendo la inutilidad de su conducta y la necesidad de encontrar nuevas estrategias con las que superar la situación novedosa. Por tanto, cuando hablamos de crisis vital hablamos de un proceso psicológico temporal, que desorganiza al sujeto al descubrir que las respuestas acostumbradas no funcionan, forzándole a encontrar nuevas formas de comportarse para asimilar y superar el nuevo escenario, y que se presentan tanto de forma previsible o imprevista.

  Entre las crisis previsibles podemos encontrar la crisis de la etapa adolescente, la de la mediana edad o crisis de los cuarenta y la crisis de la tercera edad. Son crisis que devienen del proceso evolutivo del sujeto, forzándole a enfrentarse a su nueva realidad vital. Entre las imprevistas se encuentran las crisis por el fallecimiento de un ser querido, las rupturas de pareja, el desempleo o los accidentes de tráfico. En las primeras los cambios interiores del sujeto modelan la realidad exterior al cambiar los gustos, los valores y las motivaciones. De esta suerte, descubrimos que lo que nos movía con treinta años con cuarenta carece de importancia y reorganizamos nuestro listado de prioridades. En las segundas el exterior impone sus condiciones, forzando a su interna aceptación. Las personas que ya no están en nuestra vida, bien porque han fallecido, bien porque se alejaron, dejan huecos que tendremos que cubrir. Otra diferencia fundamental es que las primeras suelen darse de forma individual, en soledad, mientras las segundas se pueden vivir por varias personas a la vez. Estaríamos en el caso de la pareja que pierde un hijo o del grupo de hermanos cuyo padre fallece.

¿Cómo superar una crisis vital?

  Tener una meta, plantearnos un lugar a donde queremos llegar, sin importar si lo alcanzamos o no, será la estrategia fundamental. El enfermo elegirá recuperar la salud, la víctima de un accidente lograr la máxima funcionalidad en su miembro lesionado, el sujeto que ha perdido a un ser querido reconstruir una nueva vida que llene los vacíos que han quedado. Debemos detenernos y hacer un análisis de lo que necesitamos y queremos y, con la meta establecida, comenzar a dar pasos para ir en esa dirección.

  Junto a lo anterior, en el proceso psicológico para superar una crisis debemos apoyarnos en varias ideas. La primera es que no debemos olvidar que es una situación temporal de la que tarde o temprano saldremos. Nuestra capacidad de adaptación es una característica en la que debemos apoyarnos. La resiliencia es la capacidad de los sujetos para seguir proyectándose hacia el futuro, independientemente de las duras condiciones de vida en las que tengan que vivir. No es algo innato ni estático, es una capacidad que podemos aprender y potenciar. Apoyarse en personas positivas, que insistan en nuestra salud y en nuestro futuro en vez de en rememorar los errores, las heridas recibidas o las injusticias sufridas es una estrategia central.

  En segundo lugar, no podemos empecinarnos en mantener la situación anterior, por más que nos gustara o la consideráramos mejor. Ya no existe. La mejor estrategia es abordar la actual situación como una oportunidad para lograr algo nuevo y, a poder ser, mejor. Las crisis son oportunidades para crecer, mejorar y aprender.

  El optimismo, el buen humor y la confianza en nuestra propia capacidad es la mejor guía. Si ha llegado el momento de estudiar, comenzar de nuevo, cambiar de casa, profesión o pareja disfrutemos de la oportunidad que se nos ofrece de aprender y conocer algo nuevo. Tenemos una oportunidad delante. En las rupturas de pareja es muy fácil contemplar cómo uno de los miembros se enroca en su posición, rumiando continuamente el dolor que le provocó el otro y arremetiendo contra él con todo lo que tiene a su alcance sin importar el daño que haga a los demás y a sí mismo. Con esta estrategia no hará otra cosa que

  Finalmente, el mayor error a la hora de afrontar una crisis es ajustarnos a lo que “tenemos” que hacer, a lo que se “debe” hacer, en vez de elegir lo que realmente se quiere o necesita. Adoptar las ideas de fuera en vez de elaborar las propias es un error que hará que desperdicies la oportunidad que te brinda la vida para mejorar y crecer.

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