La depresión en niños y adolescentes

Los niños y adolescentes pueden sufrir depresión. Aunque no existe acuerdo con las cifras se considera que el 2% de los niños y el 5% de los adolescentes pueden padecer un trastorno depresivo. La investigación afirma que, de no recibir tratamiento, este estado puede arrastrarse hasta la edad adulta y que las consecuencias de la depresión en la infancia funciona como predictor de futuras enfermedades en la edad adulta (Weissman et al., 1999).

Origen de la depresión en niños y adolescentes.

Aunque existe un porcentaje de trastornos depresivos causado por factores biológicos, los factores externos suelen ser el origen más frecuente en los niños. Las situaciones de riesgo en las que las padres deben estar más atentos son los divorcios, los traslado del domicilio familiar, la pérdida de una de sus figuras centrales de vinculación (padre, abuela, hermano, etc.), el paso de una etapa o centro escolar a otro y el cambio en el grupo de amigos del niño.

El estilo de la interacción de los padres con sus hijos también puede ser el responsable de la aparición de este problema. La baja implicación de los progenitores en la vida del niño, el exceso de conflictos en la pareja, la escasa o inadecuada comunicación, la sobreprotección materna o la presencia de un trastorno depresivo en los propios progenitores son los más significativos.

Tal vez la causa más difícil de modificar es la presencia de un patrón de relaciones entre el progenitor y el hijo basado en las amenazas y la coerción, especialmente cuando se viste de buenas intenciones o deseos de educar o proteger, pero que se inscriben plenamente en el acoso moral.

La expresión de la depresión por edades.

Los síntomas de la depresión varían en función de la edad del niño y se solapan con cambios habituales en su evolución psicológica, haciendo muy difícil la discriminación entre la normalidad y un posible estado depresivo.

En los primeros años el niño puede negarse a ir al colegio, expresar temor ante la muerte de sus padres, fingir que le duele el estómago o la cabeza.

A partir de los siete años se muestran de mal humor, comienzan a tener problemas de comportamiento en la escuela, bajar sus alcances académicos, se valoran más negativos e irritables y alejados, incomprendidos y aislados de su grupo de iguales o sus padres.

Antes de la adolescencia la proporción de niños y niñas que sufren un trastorno depresivo es la misma. Sin embargo, con la llegada de esta etapa, y especialmente a partir de los quince años, las mujeres tienen el doble de probabilidad que los varones de padecer un episodio de depresión grave (Cyranowski et al., 2000). Los cambios hormonales de la adolescencia, y con ellos los cambios personales, intelectuales y sociales que viven, en donde la definición de la propia identidad y su diferenciación de la de sus padres es el eje central del menor, caracterizan el período más crítico. En esta etapa vital la depresión puede cohabitar con otros trastornos como ansiedad, trastornos de alimentación y el consumo de tóxicos.

¿Hablar del suicidio con mi hijo aumenta la probabilidad de suicidio?

Lo más relevante en esta edad es estar atento a las ideas de suicidio que pueda expresar el menor. Sin embargo, no hay que alarmarse. No todos los adolescentes suicidas tienen depresión y muy raramente un niño deprimido muere como consecuencia del suicidio. Si su hijo expresa pensamientos suicidas es una señal de sufrimiento y debe ser tomada en serio por los padres, los profesionales de la salud y los docentes.

Hablar de ello, permitir que el adolescente tenga la oportunidad de compartirlos, es útil, especialmente si consideramos la alternativa opuesta: un adolescente encerrado en sí mismo, ocultando sus ideas y pensamientos de acabar con su vida.

Tratamiento de la depresión en niños.

Los tratamientos más efectivos en esta adolescencia son una combinación de medicación (ansiolíticos y antidepresivos) y terapia. Esta estrategia terapéutica ha demostrado su eficacia, mejorando los síntomas, en tres de cada cuatro pacientes. Un intervención basada exclusivamente en medicación tiene pocas probabilidades de éxito. El trabajo terapéutico que abarque la aceptación de uno mismo y su nueva realidad personal, la educación emocional y la elaboración de la distorsiones cognitivas es central para superar el problema.

A nivel psicológico y en una revisión meta-analítica el programa “Acción” de Stark (Stark y Kendall, 1996) en depresión infantil y la terapia cognitivo-conductual aplicada individualmente en adolescentes son los tratamientos que mejores resultados han ofrecido (Méndez et al., 2002). No dude en consultar a su médico de familia o un terapeuta especializado siempre que sea necesario.

Fuentes:

Weissman MM,Wolk S, Goldstein RB, Moreau D,Adams P, Greenwald S, Klier CM, Ryan ND, Dahl RE, Wichramaratne P. Depressed adolescents grown up. Journal of the American Medical Association, 1999; 281(18): 1701-1713.

Cyranowski JM, Frank E,Young E, Shear MK. Adolescent onset of the gender difference in lifetime rates of major depression. Archives of General Psychiatry, 2000; 57: 21-27.

American Academy of Child and Adolescent Psychiatry, AACAP (2010). El uso de medicación en el tratamiento de la depresión en niños y adolescentes: información para los pacientes y sus familias.

Stark, K.D. y Kendall, P.C. (1996). Treating depressed children: therapist manual for “ACTION”. Ardmore, PA: Workbook Publishing.

Méndez, X., Rosa, A. I., Montoya, M., Espada, J. P., Olivares, J., & Sánchez-Meca, J. (2002). Tratamiento psicológico de la depresión infantil y adolescente: ¿evidencia o promesa?. Psicología Conductual, 10(3), 563-580.

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