El sexto sentido femenino: Una hermosa falacia.

     Uno de las “verdades indiscutibles” a los que con frecuencia como profesional de la conducta me he de enfrentar gira en torno a la especial sensibilidad que se le presupone a las mujeres a la hora de evaluar las emociones de los demás. Esta afirmación implica que tendrían unas cualidades superiores a los varones que les darían ventaja para comprender a los que les rodean o, en términos psicológicos, serían más empáticas que sus compañeros masculinos. Esta cualidad superior las hace, en consecuencia, mejores opciones a la hora de otorgarles la custodia de los hijos, al ser más sensibles que sus parejas masculinas, o mejores cuidadoras de dependientes o cualquier otra situación en la que la relación con otro sea un elemento esencial.

     La investigación científica ha echado por tierra esta afirmación, mostrando una vez más que forma parte del amplio grupo de las falacias, es decir, de los argumentos que parecen válidos pero que realmente no lo son.

     El psicólogo de la Universidad de Tejas William Ickes (1990) desarrolló un test de empatía en el que se valoraba las capacidades de hombres y mujeres para detectar las emociones en otros sujetos, encontrando que no había diferencias entre ambos sexos. Entre las variables que se tuvieron en cuenta se encontraban tener en cuenta a sujetos que formaban parejas de recién casados o, al contrario, que llevaran tiempo conviviendo, parejas heterosexuales y del mismo sexo e, incluso, se tuvo en cuenta muestras de distintos países occidentales, sin encontrar diferencias.

     Ante estos datos la investigación se planteó la posibilidad de una variable cultural que afectara a la ejecución. Culturalmente a las mujeres se las considera, y así se les dice durante toda su vida, que son mejores que sus compañeros varones a la hora de interpretar las emociones de los que les rodean. Cuanto esto ocurría, cuando a las mujeres se les “recordaba” que debían se empáticas su ejecución en la tarea superaba a la de los varones.

     Los investigadores quisieron ir más allá y valorar si esta variable externa también afectaría la ejecución de los varones. Hodges y Klein (2001) encontraron que si incentivaban a los varones lograban aumentar su ejecución empática. Este aumento se logró con incentivos económicos o sociales – generando situaciones donde la capacidad empática tiene valor- como muestran las investigaciones de Thomas y Maio (2008). Por todo lo anterior, la asignación de una mayor empatía, sensibilidad o sexto sentido a las mujeres a la hora de identificar las emociones de los que le rodean parece ser un estereotipo de género.

     Todo lo anterior, lejos de ser un problema, nos abre una ventana de oportunidad en el avance hacia la equidad. La conclusión que nos ofrecen los datos que emanan de estas investigaciones es que la empatía puede entrenarse, es decir, que hombres y mujeres podemos trabajar nuestra capacidad para comprender las emociones del otro y, de esta suerte, ser mejor como compañeros, padres y parejas.

Fuentes:

Ickes, W (2003). Everyday mind reading: Understanding what other people think and feel. Amherst, NY, US: Prometheus Books.

Hodges, S. D. & Klein, K. J. K. (2001). Regulating the costs of empathy: The price of being human. Paper in Journal of Socioceconomics, 30, 437-452.

Thomas, G. & Maio, G. R. (2008). Man, I Feel Like a Woman: When and How Gender-Role Motivation Helps Mind-Reading. Journal of Personality and Social Psychology, 95(5), 1165-1179.

  2 comments for “El sexto sentido femenino: Una hermosa falacia.

  1. olga h
    16 enero, 2015 at 11:41 am

    Hace 25 años que estoy conforme con lo que dices y es porque trabajé en una prisión de mujeres. Pero, tampoco es una ventaja para las mujeres que se las catalogue de “más sensibles”-
    Por una parte, mantener que las mujeres son más sensibles hace que determinados delitos -considerados graves o muy graves cuando son cometidos por hombres- se transformen en monstruosos si la autoría es femenina, pues de entre todos esos seres delicados y sensibles que son las féminas, solo un monstruo -desprovisto de su femineidad- puede llevar a cabo cosa tan terrible.
    Por otra, si de lo que hablamos es de intuición, no es más que una forma de inteligencia exprés. Pero históricamente, cuando las muestras de inteligencia provienen de mujeres o animales, lo llamamos intuición, cualificando así las muestras inteligentes que provienen del varón humano, que -a eso sí- llamamos inteligencia.
    Por eso siempre me ha parecido muy perjudicial para las mujeres esa presunción de “sensibilidad especial”, al margen de que haya otros damnificados en ese paradigma. Pero sobre todo, es falso, no se corresponde con la realidad.
    Sin embargo, en Grafología se habla de anima y animus como rasgos presentes en la escritura que se corresponden con femenino y masculino pero no con hombre y mujer, respectivamente, sino que se presentan en la escritura de las personas. Este enfoque se ajusta más con la naturaleza humana que he conocido a lo largo de mi vida.
    Por último, en el caso de los niños, tampoco parece que solo una gran sensibilidad sea una condición óptima de crianza, independientemente del sexo en que se presente concentrada esta cualidad que es solo una entre las muchas que se presentan en el ser humano, por suerte, complejo.
    Además, para una vez que la Naturaleza reparte los dones con criterio de igualdad y sin discriminación por razón de sexo, vamos y nos inventamos una realidad paralela. No tenemos remedio!!!
    Me ha gustado mucho tu artículo, como siempre.

    • JM Aguilar
      16 enero, 2015 at 12:21 pm

      Tu comentario me ha abierto una nueva parcela de reflexión. Gracias.

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