¿Cómo hacer que las segundas parejas funcionen?

  La unión de dos personas vino a cubrir la necesidad social de enmarcar adecuadamente -según las normas establecidas- la conducta amorosa, las relaciones sexuales, el embarazo y la posterior crianza de los hijos. La evolución de las últimas décadas demuestra que la búsqueda de una relación de pareja actualmente se sostiene por motivaciones mucho más íntimas, de desarrollo personal, de búsqueda de apoyo y construcción de un proyecto común. Del mismo modo que hoy en día ya no tiene la misma reprobación social tener un hijo sin estar casados, ocurre que las parejas no se resignan a lograr cubrir sus aspiraciones emocionales tras la ruptura.

  De esta forma, cada vez con mayor frecuencia, los miembros de una pareja rota inician una nueva relación, lo que ha traído como consecuencia que en la nueva unión se tengan que tomar en cuenta los vínculos previos del padre o la madre con los hijos de su anterior pareja, así como el lugar que el nuevo miembro de la familia debe asumir en el hogar.

  La forma más habitual en este tipo de uniones es la madre con sus hijos y el padrastro. Con menos frecuencia estas nuevas relaciones aportan hijos por parte de ambos miembros de la pareja, estableciendo un nuevo marco de relaciones: madre – hijos, padre – hijos, padrastros – hijastros, madrastas – hijastros, hermanastro – hermanastro, medio hermano – medio hermano (hijos de la nueva pareja que sólo comparten un ascendiente), que se suman a las de los padres con sus respectivos hijos con los que no conviven.

¿Qué debo tener en cuenta a la hora de presentar mi nueva pareja a mis hijos?

  Lo primero que debe considerar la pareja es que no tiene que pedir permiso a los hijos para iniciar su relación. Darle un papel y un poder que no les corresponde es el camino directo al fracaso. Los hijos quieren, por encima de todo, ver felices a sus padres. Si la nueva relación les hace felices ellos se alegran. Sin embargo, eso no quiere decir que no se deba tener en cuenta sus deseos y, más concretamente, sus miedos.

  Los temores básicos de los niños ante la nueva pareja giran sobre el hecho de sentirse desplazados en el afecto que el padre les profesa, ahora que tiene una nueva pareja, y en el miedo a que el nuevo miembro venga a sustituir el lugar que antes ocupaba su padre o su madre biológico. Si no se establece desde el primer instante el hábito de comentar la situación y los temores que pueda generar con naturalidad surgirán los enfrentamientos. Los problemas de incomunicación, y las confrontaciones que surgen como consecuencia, son la primera causa del alto índice de rupturas que se registran en estas uniones.

  Una circunstancia que en muchas ocasiones se pasa por alto es que estas parejas vienen de la experiencia del divorcio, por lo que es de esperar que, en caso de no ser satisfactoria, decidan finalizar su relación con mayor rapidez. Por todo ello, es necesario comenzar el esfuerzo por alcanzar el mejor ajuste desde antes de formalizar la convivencia. La pareja debe estar segura de su relación, antes de plantearse convivir con los hijos o introducirlos en su hogar. Es necesario que hablen de cómo van a afrontarlo, que entiendan que va a haber problemas y que se tienen que organizar mecanismos y cauces para afrontarlos.

  Una estrategia que funciona es organizar la familia dando un tiempo para cada miembro o grupo de miembros de la relación. Un tiempo para jugar o hacer las tareas con los hijos de ambos o los propios, un tiempo para dedicárselo a la relación, un tiempo para llevar a cabo tareas o actividades todos juntos. Los lazos de afecto y relación se establecen no por título, sino por el tiempo y los hechos compartidos.

  Dejar muy claro cuál es el lugar del padre no biológico pero que convive diariamente con los niños, tanto por parte de éste como por parte de los hijos, es también muy importante. Muchos hijos no desean que las nuevas parejas de sus padres se comporten como debería comportarse el progenitor ausente. Aclarar esto es fundamental para el establecimiento de un nuevo marco familiar en el que todos sus miembros tengan claro su lugar.

¿Qué papel debería tener mi ex en mi nueva relación?

  Curiosamente, muchas personas descubren ahora lo mucho que su ex pareja puede ayudar a su nueva relación. La implicación del progenitor no custodio en la vida de sus hijos, la asunción de responsabilidades por su parte, la toma conjunta de decisiones, es la mejor opción que puedan adoptar los miembros de la pareja rota. Una buena relación de los hijos con el progenitor no custodio favorece todas las áreas de la vida de aquel, y ayuda a aumentar la calidad de vida del progenitor custodio y su nueva pareja. Si está bien establecida, los niños no temerán que se rompa su relación o que venga a ser sustituida por las nuevas parejas de sus padres. Esto redundará en la calidad y tiempo que el progenitor pueda dedicar a su nueva relación, fortaleciéndola y aumentando sus posibilidades de éxito.

  Somos conscientes de que muchas ex parejas no sólo no van a favorecer en absoluto la nueva vida de su antigua pareja, sino que van a intentar entorpecerlas, sin embargo, aquí ahora sólo nos ocuparemos de la mejor forma en la que debería hacerse. Aún así, no está de más recordar que son los dos miembros los que pueden encontrarse en la situación de iniciar una nueva relación y que si colaboran en facilitar la vida de sus hijos cuando su ex retome su vida sentimental, lo mismo pueden reclamar cuando ellos mismos lo hagan.

Tomar la decisión de volver a casarse.

  El siguiente paso es formalizar la relación. La pareja pasa a elaborar un nuevo proyecto de vida en común, en donde la posibilidad de tener hijos está presente. La incidencia de rupturas en segundas nupcias con hijos de la anterior se sitúa en torno a la mitad de las uniones. Si nos fijamos en las estadísticas, la mayor parte de ellas ocurren en los dos primeros años. Esto nos indica que las condiciones y escenarios que se han venido a presentar a la pareja no estaban bien definidos. No ha habido el trabajo previo al que antes nos referíamos.

  En muchas ocasiones uno de los miembros de la pareja no ha convivido jamás con niños pequeños. Para lograr que se habitúe a esto es aconsejable que comience conviviendo los fines de semana que están con su padre biológico, para pasar posteriormente a compartir periodos más largos como puentes y vacaciones. Si no se lleva a cabo un periodo de adaptación como el que se plantea el choque puede resultar excesivo.

  Los conflictos entre la nueva pareja surgen principalmente por no saber afrontar los problemas de disciplina y convivencia diaria con los hijos. Para resolver esto se requiere que la pareja deje bien establecido, primero entre ellos y luego frente a los pequeños, cuál será el reparto de responsabilidades en el día a día. La nueva pareja debe tener autoridad y estar apoyada por el padre biológico. El mayor error que pueda cometer un padre es decirle a su pareja en ese preciso instante “no te metas” o “es mi hijo, esto no es asunto tuyo”. El niño percibirá y repetirá la actitud de desautorización que ha visto en cuanto tenga oportunidad. Si la pareja corrige al niño, el padre de éste debe apoyarle, incluso delegando por completo la responsabilidad si hiciera falta. Para reforzar aún más la situación es muy aconsejable que, de ocurrir nuevamente tener que corregir al niño, el padre biológico actúe del mismo modo que ya conoce éste.

   Otra de las fuentes básicas de conflicto es la naturaleza y presencia que la relación con la ex pareja tiene en la nueva familia. La pretensión de que el ex cónyuge desaparezca o tenga un papel mínimo en la nueva unión no traerá sino conflictos en el niño y, por extensión, en la pareja. Este es el mejor momento para recordar que la familia del niño incluye a su otro progenitor, algo que debemos respetar. Si bien no es nuestra familia, sí tenemos que pensar qué emociones nos está provocando y darles salida. Si sentimos celos o cualquier otro temor debemos hablarlo con la pareja y, con ello, disipar nuestras dudas. Es natural y no tenemos que sentirnos culpables por sentirnos así. De lo que sí seremos culpables es de no afrontar adecuadamente nuestras inquietudes.

  Finalmente, el nuevo miembro de la pareja debe tener claro cuál es su lugar ante su nueva relación. No puede sentir celos o temor de no ser suficientemente importante para ella, ni entrar en comparación del afecto y el tiempo que ésta dedica a sus hijos. Si respetamos un tiempo para cada uno, y entendemos que todos lo necesitan, evitaremos comparaciones. Si surgen estas emociones deben expresarse al otro miembro y resolverse cuanto antes adquiriendo la seguridad necesaria en nuestra relación.

Fuente:

Aguilar, J.M. (2008) Tenemos que hablar. Editorial Taurus.

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